Con la salida del álbum titulado “Noche caliente” en 1983, nuestra comunidad latina fue introducida por primera vez a la sensualidad y al nuevo estilo de la Salsa Romántica. Este género tropical da a conocer los talentos de Frankie Ruiz, Eddie Santiago y después de otros como Luis Enrique, Lalo Rodríguez y Jerry Rivera. Por muchos años se cree que el fonograma “Noche caliente” de Loius Ramírez y Rey de la Paz, producido bajo el sello K-Tel records es el que le da comienzo a este estilo romántico. Pero resulta que este nuevo concepto de hacer arreglos a la melodía romántica a tiempo de salsa, fue iniciado por un músico cubano, quien llegó a la ciudad de Nueva York en 1966 a los 15 años de edad.

En su libro Travesía en lo Profundo de mi Piel, La Palabra como es conocido en el mundo artístico, refleja la vida de un niño prodigio de la música, desarraigado de su terruño, un villa a la orilla del mar Caribe en Cuba y es llevado a los Estados Unidos de América a finales de los 60 en medio de las transformaciones radicales que atravesaba dicho país.

Mientras su vida se desarrollaba en la ciudad de Detroit, dividida racialmente, él comparte el escenario con los Jackson Five y gana el primer lugar en la Feria Estatal de la principal ciudad del estado de Michigan.

Actuando con las más reconocidas bandas de rhythm and blues, atrae la atención de Stevie Wonder quien lo invita a Los Ángeles, California. La Palabra sorprende a esta ciudad cuando introduce su concepto de interpretar Salsa en estilo romántico que cambia la música tropical de la noche a la mañana.

Sin embargo, mientras algunos miembros de su banda continúan el camino del éxito con este renovador estilo y logran firmar lucrativos e importantes contratos de grabación, La Palabra permanece estancado, sin obtener ningún reconocimiento por sus contribuciones. Pensando que el esta cumpliendo con su deber, el actúa seis noches a la semanas mientras sus niños duermen en la parte de atrás del Van y sus deudas se amontonan. Consecuentemente, él se implica en una serie de circunstancias extremas y desafíos que lo llevan a la prisión durante tres años.

Sin nunca dejarse vencer por la desesperación, La Palabra hace una extraordinaria transformación de sí mismo durante su estancia tras las rejas. Con la esperanza de que en cada adversidad hay un rayo de luz, él aprende las leyes del sistema penal y en su defensa alega la “Inefectiva Asistencia de Concilio” por parte de su abogado y logra su libertad.

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